La arqueología del mañana: esculpir la memoria entre el mar y el plástico.

El paisaje contemporáneo ya no puede pintarse únicamente con azules y verdes idílicos; hoy, el paisaje contiene plástico, metal oxidado y salitre. Reyes Joaquín Maldonado Gamboa ha comprendido que para hablar del territorio en el siglo XXI, es necesario recoger los fragmentos que hemos dejado caer sobre él.

El proceso creativo de Maldonado inicia lejos del estudio, caminando por el puerto de San Crisanto, en Yucatán. Su práctica se basa en la recolección meticulosa, un acto casi performático donde la selección de los objetos dicta la narrativa de la obra. En estas caminatas, el artista recoge lo que el mar expulsa: por un lado, elementos biológicos como sargazo, esponjas, caracoles y tenazas; por el otro, los desechos de la actividad pesquera y humana, como bujías, hilo pulpero y bolsas de plástico.

Estos elementos encontrados se convierten en la materia prima de sus series Tecnofósiles y Horizontes marítimos. Mediante el uso del vaciado en concreto y yeso cerámico, Maldonado fusiona violentamente lo orgánico con lo industrial.

El término “tecnofósil” es clave en la lectura de su obra. En la geología, un fósil es la huella de un organismo en la piedra. Maldonado adelanta el reloj miles de años y crea artificialmente los fósiles que las futuras civilizaciones encontrarán de nosotros. Es una respuesta directa al concepto del Antropoceno. Al solidificar estos objetos en bloques geométricos, el artista los despoja de su condición de “basura” y los eleva a la categoría de reliquia o documento histórico, dialogando con problemáticas globales sobre territorio y ecología que incluso han resonado en plataformas internacionales, como se documenta en los registros de su trayectoria presentes en el “Documento sin título (2) – Reyesjoaquin maldonadogaboa.pdf”.

Mirar un Horizonte marítimo de Reyes Maldonado es observar un corte transversal de nuestra propia existencia. La obra nos advierte que la memoria humana no solo se preserva en los libros o en los museos, sino en la resistencia de los materiales que, obstinadamente, se niegan a desaparecer de la tierra.

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